Imagen: Deception by Holly BynoeMírala… Mira esos ojos de mirada roma. Ojos de mirada redonda que todo lo acaricia. Ojos de mirada etérea que todo lo toca y nada traspasa. Mirada evaporada. Vapor de mirada sólo despiden esos ojos. Y no me mires a mí. No eres tú, pero tampoco yo.
Mira sus facciones. Cualquiera que la mira ahora, desde este instante, pensaría que siempre fue así. Que es así, simplemente. Que tras esas facciones no hubo nunca los innumerables vértices que nos vimos alguna vez. Mírala. Nada hay en esas facciones del otrora rostro anguloso y remarcado. Ahora son sólo líneas sutiles, sin profundidad, sin pasado ni presente, sin mañana. Facciones difuminadas en un claroscuro infinito que desaparece en una interrogante que no sugiere, que no produce, que no provoca, que no pregunta porque no tiene respuesta.
Y sus labios… hablan sin pronunciar. Yo la oigo. Tú la oyes. Pero no dice nada o quizás sí, pero no entendemos ese lenguaje de sonrisa inofensiva pero inicua. Inocua. Plana, sin plano. Sin altura. Esa boca. Esos labios ¿realmente están sellados? ¿O están hablándonos desde una dimensión que no alcanzamos? Esa endemoniada sonrisa sin esbozar, sin oblicuidad, sin paralelo ni espacio, sin verticalidad ni horizontalidad, sin perpendicularidad, sin rumbo. Me está enloqueciendo.
Mira sus manos. Mira su piel, su cuerpo. Mírala si puedes mirarla porque no se ve. Está sin escribirse. La miramos porque sabemos que está ahí, frente a nosotras. Porque sabemos que ella sí nos mira fijamente.
Nada lleva puesto encima. Nada tiene donde esconder nada. Deambula descalza y sigilosa. Su cabello susurra el viento y resplandece a la luz de la oscuridad. Parece no tocar el suelo, parece que flota y nos rodea levitando, dejando sus huellas… Esas escandalosas huellas de letras muertas, bañadas con la sagre del silencio.
Parece no tener pulso, pero acelera el mío. Parece no respirar o no necesitar del aire, pero me deja sin aliento. Para no conmoverse, no inmutarse. Parece hacer alarde de una paz que cualquiera envidiaría pero que atribula. No se estremece mas nos estremece a ambas, admítelo, aunque sé que por razones distintas ¿Siente?
No sé tú… A ti te tienta. A mí me asusta.
Mira sus facciones. Cualquiera que la mira ahora, desde este instante, pensaría que siempre fue así. Que es así, simplemente. Que tras esas facciones no hubo nunca los innumerables vértices que nos vimos alguna vez. Mírala. Nada hay en esas facciones del otrora rostro anguloso y remarcado. Ahora son sólo líneas sutiles, sin profundidad, sin pasado ni presente, sin mañana. Facciones difuminadas en un claroscuro infinito que desaparece en una interrogante que no sugiere, que no produce, que no provoca, que no pregunta porque no tiene respuesta.
Y sus labios… hablan sin pronunciar. Yo la oigo. Tú la oyes. Pero no dice nada o quizás sí, pero no entendemos ese lenguaje de sonrisa inofensiva pero inicua. Inocua. Plana, sin plano. Sin altura. Esa boca. Esos labios ¿realmente están sellados? ¿O están hablándonos desde una dimensión que no alcanzamos? Esa endemoniada sonrisa sin esbozar, sin oblicuidad, sin paralelo ni espacio, sin verticalidad ni horizontalidad, sin perpendicularidad, sin rumbo. Me está enloqueciendo.
Mira sus manos. Mira su piel, su cuerpo. Mírala si puedes mirarla porque no se ve. Está sin escribirse. La miramos porque sabemos que está ahí, frente a nosotras. Porque sabemos que ella sí nos mira fijamente.
Nada lleva puesto encima. Nada tiene donde esconder nada. Deambula descalza y sigilosa. Su cabello susurra el viento y resplandece a la luz de la oscuridad. Parece no tocar el suelo, parece que flota y nos rodea levitando, dejando sus huellas… Esas escandalosas huellas de letras muertas, bañadas con la sagre del silencio.
Parece no tener pulso, pero acelera el mío. Parece no respirar o no necesitar del aire, pero me deja sin aliento. Para no conmoverse, no inmutarse. Parece hacer alarde de una paz que cualquiera envidiaría pero que atribula. No se estremece mas nos estremece a ambas, admítelo, aunque sé que por razones distintas ¿Siente?
No sé tú… A ti te tienta. A mí me asusta.











8 Sintieron conmigo:
Es sólo una tentación en dos dimensiones, no le temas...
Ojos de mirada etérea que todo lo toca y nada traspasa
Sublime, definitivamente a otro nivel... ;)
AJ
tan extraña y tan cercana
un abrazo!
Tan extraña como la vida.
Tan extraña como la muerte.
lo leí dos veces, como lo merecen sus textos.
y lo quiero volver a leer. pero no para entender, prefiero el gusto de no dar con la tecla, regodearme con los preliminares, con las imágenes, las sensaciones
temo que al comprender deje de tener este miedo
...este miedo que tanto me tienta.
Hola querida!
No temas que no hay nada que temer, ni la muerte, ni el dolor, ni el abandono, ni nada, se siente curiosidad cuando lo que asusta intriga, es la conexión de dos puntos opuestos, la unión de la dualidad.
Extraño el amor, como me extraña también, un sacrificio por algo elevado, la sensación de lo imperceptible, de lo distante, rastros dejados en la memoria para marcar el camino de origen, pautar el siguiente destino y continbuar este viaje llamada vida, en esta pequeña muerte que solo dura unas décadas.
Bello escrito, me agrada mucho tu sensibilidad, tu forma de ver las cosas.
Besos, abrazos, y muchos saludos desde Locombia.
A mi también me asustaría. Es todo un placer volver a leert tus textos Celeste querida. Realmente un placer.
Un fuerte abrazo,
Maya
Celeste:
A mi tambien me costaria trabajo respirar...
hermosas palabras como siempre...
Un abrazo enorme para ti
Gabrielle
La extraña puede asustar, pero solo es una parte de ti que empieza a deambular por rumbos diferentes, disfruta del viaje, que lo que realmente amas, siempre permanece
Saludos, Celeste.. ;)
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